Mapa de una ciudad con flechas rojas indicando los cambios súbitos en el desplazamiento.

La Psicogeografía y por qué adoptarla

Pensar la psicogeografía obliga a entrar en una práctica de observación que responda cómo el paisaje afecta los sentidos, los afectos y la vida cotidiana.

Si los caminos hablaran…

La psicogeografía revela que el entorno físico no es neutral, sino parte de la configuración social que incide en la experiencia sensible.

Mapa de una ciudad con flechas rojas indicando los cambios súbitos en el desplazamiento.

La elección de un trayecto constituye una decisión política. ¿Por qué optar por una calle y no otra? Los atajos delatan gustos, virtudes y miedos. Tememos a una vida incómoda. Por ello, usamos nuestro conocimiento del espacio para evitar vínculos o propiciarlos; asimismo, nos hacemos reflejo vivo de las dinámicas de poder inscritas en la vida urbana.

Los comportamientos que asumimos individuales responden a imaginarios colectivos. Gracias a un entramado de significados, los espacios se asocian con el placer, el rechazo, el ocio, y el riesgo. Aunque la práctica de tomar un camino y no otro parece intrascendente en el transcurrir de los días, se trata de una decisión política.

De ahí que valga la pena preguntarse, ¿por qué algunos se sienten seguros en las calles más concurridas de una ciudad mientras que otros las rehúyen? ¿Por qué evitar la avenida mal iluminada? ¿Qué motiva que pasemos más tiempo de un lado de la ciudad que de otro? Estas preguntas atan al espacio y la vida en sociedad con la experiencia sensible.

El concepto de la Psicogeografía

La psicogeografía es un concepto atribuido a Guy Debord, líder de la Internacional Situacionista. El término aparece en Francia alrededor de 1955. Sin embargo, bebe de la figura del flâneur y de la obra de Baudelaire, Breton, Aragon e Isou.

Se define al “estudio de los efectos precisos del medio geográfico, ordenado conscientemente o no, al actuar directamente sobre el comportamiento afectivo de los individuos” (Internationale Situationniste, 1958). Su estudio se sirve de la deriva y tiene por objetivo el reconocimiento de la condición moderna a través de la exploración urbana. Para los situacionistas, andar sin rumbo, en último término, liberará el andar cotidiano de la alienación capitalista. Esto debido a que la psicogeografía propicia que los aspectos inadvertidos de la urbe salgan a flote.


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