Animado por el nuevo espíritu científico, Bachelard se pregunta en el libro La poética del espacio qué relación hay entre la imaginación poética y el pensamiento en torno a la casa. El espacio y sus elementos son inseparables del lenguaje, la psique y la memoria. Esto se condensa en la ensoñación: “el ama de casa despierta los muebles dormidos”. El espacio no puede ser indiferente a lo vivido y, por lo tanto, no puede ser reducido a la reflexión del geómetra. El espacio se halla en los márgenes de la imaginación productora; la potencia más grande de la humanidad. El libro se consagra a explorar la casa desde la dialéctica entre lo pequeño y lo grande; lo interno y lo externo, lo abierto y lo cerrado.



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