El cine no surgió únicamente con la invención de la cámara. En Máquinas de lo visible, un ensayo de 1971 escrito por el teórico del cine francés, Jean-Louis Comolli defiende que su origen está profundamente ligado a la representación social. El texto se ha vuelto un referente en la teoría del cine porque observa la necesidad que las sociedades tienen de producir y reproducirse a través de imágenes.
Jean-Louis Comolli asegura que, más que un avance técnico, el cine se constituye como un dispositivo social que articula tecnología, economía e ideología.
La fiebre de lo visible en el siglo XIX
Durante la segunda mitad del siglo XIX, la sociedad vivió el boom de las imágenes. Los periódicos ilustrados, caricaturas y fotografías expandieron el campo de lo visible. La mirada humana perdió su privilegio frente al ojo mecánico: la cámara fotográfica. Por su que ofrecía una visión más precisa y confiable. Este desplazamiento generó fascinación. Preparó el terreno para la aceptación del cine como uno de los medios favoritos del mundo contemporáneo.

La cámara y su ideología
Comolli subraya que la cámara se convirtió en el símbolo de la tecnología del cine. Los procesos de edición, revelado o producción sonora quedaron ocultos. Esta reducción refuerza la ideología de lo visible. Es decir, esa compulsión a equiparar lo real con lo visible. El cine, en este sentido, hereda la tradición que centraliza la mirada.
Profundidad de campo
La profundidad de campo es la relación que guarda el fondo con el objeto en foco. Esta fue clave en los primeros filmes de los hermanos Lumière. Reproducía la visión del ojo y reforzaba la ilusión de realidad. No era un efecto opcional, sino una necesidad ideológica. El cine debía identificarse con la vida misma. Bajo esta premisa, el desarrollo de las técnicas cinematográficas no es autónoma. Es, en cambio, una respuesta a demandas sociales, económicas y culturales.
El cine es la máquina social de lo visible
El cine es una máquina de lo visible. Aunque la palabra máquina aluda a su lado técnico, se trata de un dispositivo social. Llegó a satisfacer a una sociedad obsesionada con representarse. Con el reconocimiento de sí en imágenes. Su historia está marcada por la tensión entre lo que se muestra y lo que se oculta, entre la técnica y la ideología, entre la ilusión y la necesidad de creer en ella como en realidad.


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