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Lady Bird: habitar el lugar del que quiero huir

Los lugares también pueden sentirse como una etapa de la vida. En Lady Bird, Greta Gerwig retrata la adolescencia a través del deseo constante de huir.

Título en español: Lady Bird
Año: 2017
Directora: Greta Gerwig
Duración: 94 min
Director de fotografía: Sam Levy

Sacramento aparece como una ciudad ordinaria, demasiado pequeña para contener las aspiraciones de Christine “Lady Bird” McPherson. La escuela, la iglesia y su propia casa forman parte de un mismo paisaje del que necesita escapar. Sin embargo, la película plantea una pregunta distinta: ¿El problema está en el lugar o en la forma de habitarlo?

Los espacios del deber

En este coming of age, la escuela católica y la iglesia representan el orden que rodea a Lady Bird. Son espacios donde existen reglas, expectativas y formas de comportamiento que la protagonista cuestiona constantemente. Su inconformidad se manifiesta en esos lugares porque son el escenario donde descubre los límites impuestos por los adultos.

La casa prolonga esa misma sensación. Las discusiones con su madre, las dificultades económicas y la rutina cotidiana hacen que el hogar deje de sentirse como refugio. Para Lady Bird, esos espacios le recuerdan una vida de la que quiere desprenderse cuanto antes.

La ciudad como horizonte de cambio

Sacramento se convierte en el símbolo de todo aquello que la protagonista desea dejar atrás. La ciudad representa una identidad con la que no logra reconciliarse y, por eso, imagina que el cambio sólo será posible lejos de ella. Marcharse significa reinventarse, construir una nueva versión de sí misma y encontrar, por fin, el lugar al que pertenece.

Gerwig muestra esa búsqueda recorriendo calles, casas, cafeterías y barrios que podrían parecer comunes. Sin embargo, en ellos también ocurren los primeros amores, las amistades, las decepciones y los descubrimientos propios de la adolescencia. Incluso los espacios que Lady Bird considera aburridos, están llenos de experiencias que terminan moldeando su identidad.

Habitar también es reconocer

Conforme avanza la historia, la ciudad deja de ser únicamente un lugar del que escapar. La distancia permite descubrir aquello que la cercanía ocultaba. Los edificios no cambian, tampoco las calles ni el hogar familiar; cambia la manera de mirarlos.

Lady Bird es un bildungsroman que canaliza la arquitectura como receptáculo simbólico que determina los procesos de transformación personal. La escuela, la casa y la ciudad reflejan la constricción. Son los lugares a los que se resiste la protagonista. Greta Gerwig recuerda que, antes de encontrar un nuevo lugar en el mundo, muchas veces es necesario comprender lo que parecía imposible de habitar.


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