Título en español: Las diabólicas
Año: 1955
Director: Henri-Georges Clouzot
Duración: 114 min
Director de fotografía: Armand Thirard
La esencia y el poder del ser humano están reflejados en el espacio que habitamos y transitamos. Esto es lo que demuestra Les diaboliques (1955) cuando utiliza las locaciones no solo como un escenario, sino como el arma viva que logra el deterioro de la protagonista, Christina Delasalle. El suspenso, las sutiles pero estremecedoras miradas a la violencia y un cadáver perdido parecieran las estrellas de este filme de Henri-Georges Clouzot. Sin embargo, poner atención a la identidad de los personajes y la interacción de estos con sus espacios, sus homólogo inanimados, nos hacen reflexionar sobre el impacto de los elementos inertes que se convierten en una extensión de nosotros mismos.
Identidad y territorio en juego
Christina y Michell son los directores de un internado para niños. La construcción es grande y sombría, y en ella viven por temporadas los alumnos y otros profesores. Christina está casada con Michell desde hace ocho años: el dinero de ella y las relaciones de él los pudo convertir en una pareja poderosa. Sin embargo, los constantes abusos de su esposo y una enfermedad en el corazón hacen que ella se desgaste cada día más. Nicole, una de las profesoras, se acerca como una aliada y la convence de que es necesario asesinar a su esposo para detener los abusos. No tardan mucho en salir de la escuela para poner en marcha el plan. Una coartada que juega con la mente de Christina y los espectadores.

Intimidad, poder y traición
Las escenas están enlazadas a partir de espacios clave: la esencia de Christina está impregnada en el colegio: a ella le gustan los niños y enseñar, por eso es la directora. Ella, su esposo, los profesores y los niños le dan vida a la escuela. Ella personifica este espacio, es suyo. En el internado, así como en su mente, ocurren los primeros planes de asesinar a Michell. Por otro lado, el departamento de Nicole es un espacio íntimo pero lúgubre: es donde ella tiene el mayor control de la situación y por eso es el lugar ideal para matar Michell.
Así como a Nicole, el esposo de Christina está familiarizado con su departamento. No le es difícil llegar ahí para seguir con el plan. Al igual que el departamento mismo, Nicole guarda secretos, tiene escondites mortales y hace un guiño a la infidelidad por ser un espacio íntimo pero muy hermético. Los espacios que pertenecen a Michell son la tintorería, que representa su insistencia en cambiar su estilo de vida a uno más cómodo. La habitación del hotel a su nombre también lo representa por ser un lugar que se habita, pero no en el que se construye, que puede ser un refugio pero que al llegar, Michell no se encuentra. Estos lugares son Michell: la avaricia y la ausencia en su matrimonio que finalmente poco a poco acaban con la salud de su esposa.
El poder simbólico de cada lugar
Ubicar a cada lugar con un nombre propio tiene sentido cuando evaluamos, ¿por qué el asesinato, que inevitablemente termina con el matrimonio ocurrió en casa de Nicole? ¿por qué la planear el crimen partió de la desesperanza en el internado de Christina? ¿Por qué la tintorería y el hotel, siendo espacios inertes, hacen tanto daño a Christina?
No solo importa dónde están, sino quién habita en sentido amplio ese lugar; porque la personificación de las locaciones explica que no eran el hotel o la tintorería enloqueciendo a Christina, era Michell en persona. No era solo el departamento de Nicole, era el elemento palpable y existente de la traición de ambos a la directora. Al final, la muerte no era solo producto de un infarto, también lo era de la invasión de unos en el espacio vital de otros. Como extensiones de nuestra persona, Les diaboliques invita a reflexionar cuál es el papel que juegan nuestros espacios en la vida de los demás, porque no existe un lugar habitado sin identidad.
