Locke (2013): conducir y afrontar el presente

El encuentro con los errores del pasado es incómodo. Ivan Locke, trabajador de la industria constructora, pierde su trabajo, esposa y familia en menos de dos horas abordo de su coche. Ivan sube al coche con cierta sensación de libertad y poder.

Los recursos principales para conocer la historia de Ivan son las llamadas que hace en el trayecto con sus compañeros del trabajo, su familia y su amante. Cada llamada es más tensa y reveladora que la anterior, pues antes de conducir no conocemos su historia. A falta de más escenarios que el coche, el teléfono conecta a Locke con su presente, su pasado y el espectador.

Al inicio de la película, cuando Es un hombre que toma la decisión de enfrentar el caos que él mismo causó porque le es familiar tomar decisiones cruciales en todos los ámbitos de su vida. En las primeras llamadas queda claro que se siente en control de la situación; sin embargo, conforme avanza la historia podemos notar que esta aparente paz es solo momentánea.

La intimidad del espacio reducido nos permite observar cómo esa confianza se desmorona. Pronto se da cuenta de que su vida no volverá a ser igual una vez que baje del coche.

Al inicio de la trama, Ivan pudo dar la vuelta y recuperar su vida. Sin embargo, el recuerdo del abandono de su padre no se lo permitió. Es entonces que ocurre el punto de quiebre: tiene la posibilidad de huir, pero conforme deja atrás la vida que construyó, la convicción de hacer lo correcto trae sensaciones negativas. A partir de sus primeras lágrimas, el coche se siente como una jaula que no le permite intervenir en todo el caos que ocurre afuera. No puede ir a cumplir con su deber en el trabajo, donde no solo su empleo está en riesgo, sino la relación con los proveedores que van a llevar varias toneladas de concreto para un proyecto enorme. No puede volver a casa y asumir de frente el fin de su matrimonio. Tampoco puede estar con sus hijos disfrutando el que pudo ser un último momento en familia. Decidió ir al nacimiento de su hijo, pero tampoco puede estar ahí por la distancia.

Entonces, el protagonista debe encarar la desconexión entre él y los resultados de sus malas decisiones. Porque fuera del auto, tanto figurativamente como en la realidad, no puede controlar lo que está pasando. Si consideramos al auto como una metáfora a esta desconexión, podemos notar que los demás personajes tienen su propio encierro. Su compañero de trabajo está en la oficina, atado a la responsabilidad y esperando las indicaciones de Ivan. El encierro de su esposa es el baño de su casa, pues el dolor no le permitió salir después de escuchar la traición de su esposo. Su amante está sola y obligada a permanecer en la sala de partos, sin poder hacer más que esperar.

Desarrollar toda una historia de varios meses en poco tiempo y en un espacio limitado puede ser un verdadero reto. Locke aprovecha la fotografía para guiar de forma sutil las emociones que quiere expresar. El largometraje explota el espacio jugando con la cámara de acuerdo con las emociones de Ivan. Durante las llamadas, la imagen y los diálogos se mezclan y generan grandes momentos de tensión. Cuando Ivan habla con su padre ausente, mira al retrovisor, que representa el vacío y el pasado. Cuando se desespera por llegar, mira al frente del camino y nos muestra todo el camino que falta. Así utilizan las posibilidades de filmación dentro de un carro: los límites obligan a una conexión más profunda con las emociones del personaje, pues no deja más opción que mirar hacia adentro.

1 comentario en “Locke (2013): conducir y afrontar el presente”

  1. Luis Manuel Cermeño

    Que brillante descripción, concreta y profunda. En pocas líneas nos lleva dentro de la trama y nos transmite las sensaciones que va ive el protagonista.

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