Título en español: Temporada de patos
Año: 2004
Director: Fernando Eimbcke
Duración: 90 min
Director de fotografía: Alexis Zabé
¿Hace cuánto no cuestionas tu presente desde los ojos de tu niño interior? A Ulises, en Temporada de Patos, la entrega de una pizza con unos segundos de retraso lo llevó a esta situación. Después de un viaje por la ajetreada Ciudad de México de los 2000, llega a una burbuja lo obliga a encontrarse con sus decepciones. El departamento encapsula la historia. El silencio y lo estático se contraponen al bullicio y el tráfico. De afuera llega Ulises para vincularse con los sentimientos de los tres adolescentes que están detrás de la puerta.

Tlatelolco como cápsula emocional
La historia comienza en la Unidad Habitacional Nonoalco-Tlatelolco. En el departamento 803 una madre se despide de su hijo (Flama) y de su amigo (Moko). La madre sale de escena. No se involucra directamente con el mundo adolescente. Al irse, deja una burbuja donde florece la búsqueda del sentido de la vida. Los adolescentes comienzan a mostrar su naturaleza observadora. Entra entonces el cuarto personaje: Rita, la vecina de 14 años. Les pide usar el horno para hacer un pastel. Tras pensarlo un poco, Flama la deja entrar.
El espacio como reflejo de la mente
En el departamento existe una doble interacción entre los adolescentes: una cuando la madre está en el departamento y otra muy distinta cuando se va. Cuando la figura de autoridad desaparece, entendemos la mente de los personajes. El departamento se convierte en un lugar libre para su convivencia. Definen, entonces, dos espacios totalmente distintos: adentro, donde están los niños sobrellevando internamente sus propios problemas; y afuera, donde se desarrolla el mundo adulto. En ese contexto, aparece Ulises, el repartidor de pizza. Los niños, con cronómetro en mano, le dicen que no le van a pagar porque llegó algunos segundos tarde. Ulises decide negociar con Moko y Flama. Es esta negociación y el no posicionamiento como autoridad lo que le permite establecer un vínculo con ellos y entrar a su mundo.
Confesiones y heridas compartidas
Los niños no cuentan sus problemas hasta que Ulises. Después de la negociación fallida y desesperado por el dinero, lastima a Flama. Arrepentido, le cuenta su vida, los sueños que no ha cumplido y le dice: “las oportunidades en la vida son como los tiros de una escopeta… y yo ya me acabé todos”. Entonces, a su tiempo, cada uno se confiesa. Los papás de Flama se están separando y pelean por la vajilla, el cuadro de los patos, los muebles… Flama parece invisible en esas peleas absurdas de las que aprende que lo que importa es “quién se chinga a quién”. Moko está triste porque su Flama se va Morelia por la separación de los papás. No volverá a compartir un domingo más con su amigo. La familia de Rita olvidó su cumpleaños, por eso está en casa de los vecinos preparando su propio pastel.
Alejado del bullicio, el departamento pone una lupa sobre Ulises, como si esa inquietud observadora de los niños fuera contagiosa y autocrítica. Temporada de Patos fue filmada en un lugar de transformación y del encuentro con la propia esencia por la que Ulises tiene la oportunidad de volver afuera con lo aprendido. Al final se va del departamento sin trabajo, pero con un cuadro y una escopeta recargada de nuevas oportunidades.
