Metaerrante

Hang in there...

Buñuel y la desmecanización como única salida

Título: El ángel exterminador
Año: 1962 Director: Luis Buñuel
Duración: 93 min
Director de fotografía: Gabriel Figueroa

Lo humano nos permite vivir los espacios, la rigidez nos somete a ellos.

La clase alta del México de los sesentas se regía por ciertos protocolos sociales muy característicos que Luis Buñuel retrató con una reunión de amigos en El ángel exterminador. Un hecho constante en esta película es que las personas parecen ser empujadas por una fuerza invisible que se hace presente desde el inicio afectando a los empleados de la casa. Ellos huyen por razones que parecen improvisadas, incluso ignorando la amenaza de quedarse sin trabajo por abandonar sus quehaceres precisamente la noche en la que esperan a los invitados. Esta es el primer momento en el que la casa funciona como un espacio que selecciona a sus víctimas, estableciendo un claro adentro y afuera.

La fuerza inexplicable que ahuyentó a unos, encarceló a otros

Los anfitriones quedan atónitos ante las vagas razones que sus empleados dieron para abandonar sus puestos esa noche. Si bien Buñuel tenía la intención de representar a la clase alta, no son sus convencionalismos sociales y la necesidad de mantener una imagen lo que después los deja atrapados. Cuando relacionamos la casa con el mensaje, la película nos dice que no se trata de una crítica a la clase privilegiada: la atadura con el espacio convertido en celda mental va mucho más allá.

La casa de la pareja anfitriona es el escenario perfecto para que converjan los elementos que mecanizan el comportamiento de sus invitados: una casa amplia, elegante y cuidadosamente ornamentada. La cena que se está planeando es el evento perfecto para una desconexión colectiva: la comida, la música y el servicio del poco personal que se quedó en casa están coordinados con experiencias previas, e incluso los invitados ya se conocen entre sí. Aceptar la invitación, llegar y cenar fueron acciones mecanizadas, pues en medio de la desesperación de algunos diálogos posteriores, muchos de ellos confesaron que estaban seguros de la razón por la que habían ido.

La casa evoluciona con los invitados hasta la locura

No vale la pena sobreanalizar el comportamiento errado de los invitados cuando el ambiente empieza a ponerse tenso. Después del aislamiento, confusión y desesperación, está claro que no iban a ser los mismos que entraron por la puerta al anochecer. Lo que importa señalar es que el espacio que al inicio es totalmente familiar para ellos desciende a la par de su desesperación: la sala es usada como habitación, los muebles cambian de lugar y los animales que inicialmente escondieron de las visitas ahora pasean por la casa. Sus mentes y acciones son totalmente diferentes a lo que eran antes, y la casa en sí misma es un reflejo de esto.

Las personas que antes estaban preocupadas por mantener cierto orden y formas, ahora exponen conductas que serían impensables en una situación cualquiera. Al mismo tiempo, la casa llena de luz, orden y abundancia deja de tener comida, el agua escasea, sus paredes y tuberías son dañadas y sus puertas esconden desde las aventuras entre los invitados hasta un cadáver.

El aislamiento artificial

Ya desentrañado el papel del espacio en la narrativa, aún queda una pregunta: ¿por qué estaban atrapados? Contrario a la pista que podría dar el nombre de la película y a la síntesis de esta, no hay un ente que les impida salir bloqueando las puertas manipulando o amenazándolos. Se trata más bien una fuerza invisible colectiva, y la forma en la que logran salir es la llave para comprender la razón de su imposibilidad de escapar. Llegaron de forma casi automática, respondiendo a la invitación como un simple protocolo más: cuando reconstruyeron sus acciones y palabras, las recordaron como aquel que recuerda el guión de una obra de teatro ya ensayada. Sus palabras, gestos y cumplidos son una costumbre, por lo que su interacción en el espacio ya no se trata de una expresión humana, sino de un papel que cumplen sin saber por qué.

Quedamos a la espera de un ángel exterminador, pero el verdadero villano es la inconsciencia de nuestra habitabilidad del espacio. El comportamiento antisocial que desarrollan los personajes no es lo interesante, sino la conciencia sobre sus propias acciones. Sus conductas ya determinadas y prácticamente ensayadas durante toda una vida los sometieron al espacio, y solo su reconstrucción y conexión verdaderas los dejó salir de él.


Publicado

en

por

Etiquetas:

Comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *