La escuela, uno de los mayores símbolos de control, es el escenario perfecto de reunión entre cinco compañeros que aparentemente no tienen nada en común.
Título en español: El club de los cinco
Año: 1985
Director: John Hughes
Duración: 97 min
Director de fotografía: Thomas Del Ruth
En el día a día cada uno de nosotros vive y se relaciona en piloto automático: siempre hacia adelante y con la mirada al frente, como si una fuerza invisible nos hiciera avanzar. Pero a veces, si tenemos suerte, se crean las condiciones necesarias para cuestionar la dirección en que miramos y conocer a quienes están al lado nuestro. En Shermer High School bastó un día de detención y la combinación de personajes esperados e inesperados en ese castigo para que las etiquetas terminaran por caer, al menos durante ese sábado.

Allison y John son los integrantes del grupo cuya presencia en la detención no sorprende: ella es introvertida, excéntrica y apenas habla, mientras que él es un joven rebelde, provocador y con tendencia a la violencia. En el extremo opuesto están Claire, la chica popular, rica y superficial; Andrew, un deportista exitoso y disciplinado; y Brian, el estudiante ejemplar con un expediente académico impecable.
Una escuela vacía sin ojos
De forma inesperada, la soledad y el confinamiento terminaron con la sensación inicial de incomodidad y desconexión de los personajes causada por su propia identidad. Sus etiquetas – mencionadas constantemente durante la película – fueron asignadas desde el sentido de pertenencia (o desarraigo, según el personaje) y la forma en que el instituto clasifica si cumplen o no con el perfil de un buen estudiante. Pero cuando la escuela queda vacía, no tienen forma de escapar ni son acosados por ojos vigilantes, ¿qué sucede?
El subdirector Vernon les ordena una única tarea: escribir un ensayo sobre quiénes creen que son. Los cinco, sentados en bancas separadas de la biblioteca, se rehusan a escibir. Las amenazas del subdirector hacen que las diferencias entre ellos se hagan pequeñas, y el odio se vuelve más bien hacia la figura de autoridad. La redirección de sus sentimientos les permite conversar entre ellos: primero de una forma hostil y más adelante, con la intención de conocer al otro.
El almuerzo y la vulnerabilidad
La escena del almuerzo revela diferencias materiales y afectivas que, en un sábado de escuela vacía, se vuelven puente en lugar de muralla. La abundancia de Andrew habla de disciplina impuesta; el sushi de Claire, privilegio y distancia; la mezcla caótica de Allison, desorden y soledad; y el vacío de Bender, negligencia y violencia en casa. Frente a ellos, el almuerzo sencillo y ordenado de Brian encarna la rutina del estudiante perfecto que más tarde confiesa el motivo real de su detención: un intento de suicidio provocado por la presión académica y el miedo a fallar.
El contraste entre lo que comen y su bagaje emocional anticipa su derrumbe. Brian no carece de comida, sino de margen para equivocarse. Y es precisamente porque la escuela está vacía —sin pasillos saturados, sin audiencias que sostener, sin la vigilancia constante de los pares— que esta dinámica de reconocimiento mutuo puede ocurrir: lejos de sus respectivos papeles, cada uno se atreve a mirar el dolor del otro y a nombrar el propio.
Compartir lo cotidiano
Así, lo cotidiano (abrir una lonchera) abre también la grieta por la que se filtra la verdad: que la presión, el abandono y el privilegio no son máscaras compatibles con la intimidad, y que solo en ese vacío compartido se vuelve posible la confesión de Brian y la empatía del grupo.
Las cuatro paredes de la biblioteca son un recurso que roza lo explícito para entender cómo ciertas dinámicas sociales pueden disolverse cambiando un poco la receta. Ya no están quienes esperan un comportamiento de los distintos tipos de adolescente que aparecen en la historia. Para la conversación horizontal entre un cerebro, un deportista, una inadaptada, una princesa y un criminal bastó que ellos mismos reconocieran que están atrapados en lo que los demás esperan de ellos, lo que el instituto dice de ellos y cómo han interiorizado estas crueles expectativas.


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